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MORIHEI
UESHIBA
Introducción
En
las Artes Marciales no sorprende encontrar figuras con carisma, talento y fuerza
de voluntad. Estas virtudes son comunes a los grandes maestros. Por este motivo,
el que una figura destaque por encima del resto garantiza que nos hallamos ante
cualidades extraordinarias. Éste es el caso de Morihei Ueshiba, considerado
unánimemente uno de los más grandes de la historia.
Campesino con Espiritu de Samurai
La conversión del Maestro
Nacimiento del Aikido
Un personaje legendario
Las visiones
Pensamientos del Maestro
Algunos estilos existentes
Morihei
Ueshiba
nace el 14 de diciembre de 1883 en Tanabe, provincia de Kishu
(ahora conocida como Prefectura de Wakayama), una península centro sureña de la
isla principal de Japón. Es menudo y enclenque, con tendencia a caer enfermo.
Permanece al abrigo del cálido hogar, en el seno de una familia campesina,
mientras devora lecturas de clásicos chinos como Tao Te King (El Libro del
Sendero y de la Línea Recta) o I Ching (Libro de las Mutaciones).

Recibe
las visitas de Mitsujo Fujimoto, sacerdote de la rama Zen Shingon,
quien le adoctrina sobre literatura clásica china y ritos esotéricos budistas. A
los siete años de edad, comienza a frecuentar el cercano templo de Jizodera,
perteneciente a la secta budista mencionada. A los 10 años estudia Budismo Zen
en el Templo Homanji, en Akitsu.
Aconsejado por su padre, practica Sumo y natación para superar su
debilidad, hasta volverse un chico normal y saludable. Comienza la escuela de
primera enseñanza de Tanabe, donde se gradúa a los doce años.
Se produce entonces un acontecimiento que marca su vida. Su padre es
elegido miembro de la Junta Local que administra los asuntos de la población y
eso provoca que sea amenazado por los caciques locales. Yoroku no cede y sufre
una brutal paliza. Su hijo Morihei asiste impotente a este lamentable episodio y
se promete a sí mismo aprender a luchar para proteger a su familia.
A los trece años se inscribe en la escuela secundaria de Tanabe, pero
abandona antes de graduarse para continuar sus estudios en el Instituto Ábaco
Yoshida. Tras diplomarse, consigue trabajo en la oficina de impuestos de Tanabe.
Sin embargo, al recibir la orden de apoyar una nueva ley de impuestos injusta
para los campesinos dimite de su cargo y encabeza una protesta rural contra
dicha ley.
En 1901 marcha a Tokio y abre una tienda: Comercial Ueshiba de
papelería y útiles escolares. Por las noches estudia Jujutsu de la Tenjin Shinyo
Ryu en el dojo Kito Ryu y también Kenjutsu (esgrima) en el dojo Shinkage Ryu.
Enferma de beri-beri, una enfermedad nerviosa causada por falta de vitamina B1
(Tiamina) y regresa a Tanabe tras cerrar la papelería.
Para recuperarse, practica todos los días con la espada y realiza
ejercicios de Jujutsu hasta recobrar la salud. Comienza a andar dos millas y
media diarias. Al cabo de un mes empieza a correr. Poco a poco desarrolla fuerza
física y consigue levantar simultáneamente dos fardos de paja de arroz, cuando
antes ni siquiera podía con uno.
Ronda los veinte años de edad y su aspecto mejora. Es de baja estatura
pero más fuerte que sus compañeros. Su ansia de superación parece no tener fin.
Si los otros pueden con 80 libras, el podrá con 160. Su fogoso temperamento
encuentra una magnífica oportunidad en los concursos de tortas de arroz de su
pueblo.
En dichos concursos, un gran cazo de arroz especialmente cocinado se
deposita en un inmenso mortero o cuenco de piedra y se golpea con una gran
almádena parecida a un mazo de madera con cabeza alargada. Un asistente voltea
continuamente el arroz mientras se golpea, y este se va transformando en una
sustancia pastosa en forma de tortas planas, que se dejan enfriar antes de
comer. El peso de la almádena, su difícil manejo, la fuerza y frecuencia con la
que hay que golpear exigen una gran potencia física para poder concursar.
En estos concursos, Morihei rivaliza al principio con cuatro jóvenes
fuertes; después con seis, y luego con diez. Siempre vence. Concursa en otros
pueblos e incluso, a veces, rompe la almádena. Los vecinos se ven obligados a
rechazarle de manera amable y le sirven té con pastas al estilo tradicional,
reservado para los invitados ilustres.
En 1903, a los 19 años, contrae matrimonio con la joven Hatsu Itogawa,
a quien conoce desde niño. Intenta alistarse en el ejército japonés pero se le
rechaza porque no alcanza la estatura mínima reglamentaria. Empieza a ir todos
los días al bosque cercano y corre para aumentar su resistencia. A ratos se
sujeta con ambas manos de las ramas de los árboles y se balancea para estirar su
cuerpo, con el objetivo de crecer algún centímetro.
En 1904 se vuelve a presentar en la oficina de reclutamiento y aprueba
el examen. Se incorpora al 37º Regimiento de la 4ª División de Infantería
estacionada en Osaka. Mide sólo 1,57 m. de altura, pero pesa más de 80 kgs de
músculo. Siempre acaba el mejor de su unidad, ya sea gimnasia dura, correr o
cargar. Como Japón está en guerra el entrenamiento es más duro de lo habitual y
muchos soldados desertan. Entrena con especial empeño la técnica de bayoneta
hasta volverse un experto en su uso. Durante los días de descanso que el
ejército le concede, toma clases en el dojo del maestro Masakatsu Nakai, donde
aprende Jujutsu Yagyu-ryu de la escuela Goto.
En 1904 estalla la guerra ruso-japonesa y el joven Ueshiba es enviado
al frente de batalla de Manchuria. Destaca por su disciplina y por su ánimo, con
el que siempre levanta la moral de sus compañeros de armas. Durante las marchas,
a menudo toma las mochilas de sus camaradas más cansados. Los superiores, al
observar su meritoria conducta, lo promueven rápidamente al grado de sargento.
La guerra termina en 1905 y en 1907 completa su período de cuatro años
de servicio. El comandante de su regimiento le recomienda para su ingreso en la
Academia Militar Nacional, con el objeto de que se convierta en oficial de
carrera, pero Morihei rehusa la sugerencia. Se da de baja en el ejército y
vuelve a Tanabe para cultivar las tierras que allí posee y laborar en la granja
familiar. Sigue el ejemplo de su padre y participa en la vida política de la
población.
Sin embargo, pronto se muestra inquieto e irritable. Emplea la mayor
parte de su tiempo en la oración y el ayuno. Preocupado por tal comportamiento,
su padre cree que el temperamento marcial del joven Morihei intenta mostrarse y
contrata a Kiyochi Takagi, de la escuela Kodokan del Dr. Kano para que le enseñe
Judo. Además, Kiyochi es experto en el Jujutsu de la modalidad Tenshin Shinyo
Ryu.
Yoroku convierte en dojo el granero y su hijo comienza a entrenar.
Como siempre, es un alumno aplicado y hace rápidos progresos.
En la primavera de 1910 el gobierno japonés presenta un programa para
poblar la isla de Hokkaido, en la frontera norte de Japón. Morihei solicita irse
como colono. Tiene ilusión por cambiar de aires y le seduce la oportunidad de
trabajar en una tierra sin desarrollar. Llega a Hokkaido en marzo de 1911, al
frente de un grupo de pioneros de su región, compuesto por 54 familias, la mayor
parte granjeros desempleados y pescadores sin fortuna. Lo acompañan su esposa
Hatsu y Matsuko, su hija recién nacida. Comienza a cultivar la tierra en la
comarca de Mombetsu, provincia de Kitame. Al nuevo poblado le dan el nombre de
Shirataki.
La tierra es dura y poco propicia para el cultivo. Los primeros
tiempos son muy rudos para los colonos. Durante 3 años seguidos los terribles
vientos, los inviernos crudos y las inundaciones hacen peligrar el proyecto. Se
pierden la mayor parte de las cosechas de arroz, papas y otros vegetales. Un
incendio quema el poblado pero el ánimo inquebrantable de Morihei impulsa a los
colonos y reconstruyen las casas. Su audacia y su capacidad de liderazgo
permiten prosperar a Shirataki hasta convertirse en una exitosa comunidad
maderera.
Ya en la treintena, tras haber recuperado su salud y renovado el
espíritu se dedica de lleno a sus obligaciones. Su condición física mejora aún
más y aprende a montar a caballo. Acude de un sitio a otro, entre montañas y
campos, ante tormentas y fríos rigurosos. Su fuerza sorprende y sus vecinos le
admiran.
En 1911, le nombran miembro del consejo del pueblo de Kamiyubetsu, en
Shirataki. Asesora y alienta al Mayor Urataro Kaneshige a favor de los colonos y
entra en contacto con la Oficina del Gobernador en Hokkaido. Crea y preside una
organización para reconstruir la Línea Sekihoku y tender una vía de tren en el
distrito.
En 1912, sus desinteresados esfuerzos le ganan el reconocimiento
publico y los habitantes de Shirataki (ya un área de cerca de 25 millas
cuadradas) pasan a llamarle con respeto y agradecimiento el Rey de Shirataki.
Durante sus tiempos libres y en busca del perfeccionamiento practica
otros artes de lucha tales como: Sekiguchi ryu (ju jutsu secreto), Takenouchi
ryu (el método más antiguo de juj utsu), Tenshin Shinyo ryu (ju jutsu), Shinkage
ryu (alabarda y kendo), Yagyu ryu (sable con atemis de ju jutsu), Hizo in ryu
(lanza), Kito Shin ryu ( tai jutsu), Kito ryu ( arte de proyecciones de ju jutsu),
etc.
La
conversión en Maestro
En
febrero de 1915, durante un viaje Engaru y mientras come en el mesón Hisada,
conoce a Sokaku Takeda, gran maestro del Jujutsu Daito Ryu.
De
acuerdo con la tradición, esta técnica de combate se fundó en el año 1.100 por
Minamoto Yoshimitsu, perteneciente a la sexta generación de descendientes del
emperador Seiwa. Fue un secreto de los Samurai hasta 1574, cuando se hizo
extensiva a los shogunes (señores feudales) y a los guerreros de alto rango del
clan Aizu. Este clan lo conservó durante los siguientes trescientos años. El
conocimiento se transmitía de padres a hijos. Así, Sokichi Takeda enseñó el
Daito Ryu a su hijo Sokaku. Además, Sokaku aprendió del consejero jefe del clan,
Saigo Tanomo, otra eficaz técnica de Jujutsu llamada "Oshikiiuchi".
En 1868, cuando el emperador Mutsuhito puso fin al feudalismo,
favoreció en su país la asimilación de la cultura occidental y prohibió a los
Samurai portar en público sus temibles espadas, Saigo Tanomo se convirtió en
sacerdote Shinto y tomó el nombre monástico de Hoshina Chikanori. En 1883, su
antiguo discípulo, Sokaku Takeda, lo visitó en el templo de Tsutsukowake, en
Fukushima, para que lo formara como monje y así le instruyó en todas las
técnicas marciales.
De esta manera se aseguraba que no se perdieran cuando él muriera,
pues él era el único experto en conocer detalles ocultos sobre estos métodos de
combate.
Quienes conocieron a Sokaku Takeda afirmaban que llegó a perfeccionar
habilidades aparentemente sobrenaturales, como la capacidad de leer la mente de
otros y conocer su pasado, presente y futuro, aún antes de que le fueran
presentados. No obstante, también era conocido por su carácter agrio y su
fiereza en torneos a vida o muerte, armado o con manos vacías.
Debido a su naturaleza y a su tremenda habilidad, Takeda ganó la
reputación de ser un demonio guerrero y le decían el pequeño Tengu de Aizu. (Tengu
era un género mítico de demonios de nariz larga y corta estatura). El
sobrenombre estaba bien aplicado porque ejecutaba proezas extraordinarias con
apenas 1,50 m de altura.
Morihei Ueshiba, con el objeto de mejorar su técnica marcial, tiene
por costumbre visitar a aquellos maestros famosos y practicar con ellos. Siempre
cortés y bien educado, jamás reta al titular de la escuela ni a sus alumnos.
Afirma que esto no demuestra nada, porque el maestro de un dojo siempre tiene
muchas cosas en qué pensar y resultaba injusto juzgarlo por su actuación en un
encuentro. Se dedica a entrenar allí durante un tiempo. Si observa que no
aprende, se despide con con amabilidad. Si ve que el sensei de la escuela conoce
algo más que él, le solicita que lo acepte como alumno.
Sin embargo, su encuentro con Sokaku Takeda resulta muy diferente.
Enseguida se percata de que se halla ante un maestro formidable cuyos
conocimientos son exclusivos. En este crucial encuentro, Takeda tiene 44 años y
Ueshiba 32 años. El célebre luchador del clan Aizu acepta al futuro fundador del
Aikido como discípulo: Tienes un potencial y una habilidad excepcionales; por lo
tanto te enseñaré. Este punto marca el principio de una larga y provechosa
asociación entre los dos durante más de 20 años.
Sus estudios de Daito Ryu comienzan, pues, en 1915. En 1916 ya obtien
el preciado certificado que avalaba su dominio de Daito Ryu. A lo largo de este
periodo no alcanza a los cien días de estudio personal con Takeda, pero entrena
el resto del tiempo por su cuenta. Los documentos del Daito Ryu demuestran que
Ueshiba participa en varios seminarios impartidos por Takeda en 1916 y actúa
como su asistente personal. Ueshiba invita a Takeda a su casa, donde recibe
clases particulares de técnicas avanzadas de Daito Ryu.
En 1917 nace el primer hijo varón, Takemori. Morihei no desatiende sus
sus deberes paternos ni cívicos, pues desde junio de l918 hasta abril de 1919,
ocupa el cargo de Concejal en el Ayuntamiento de la villa de Kamiyubetsu.
Sin embargo, en diciembre de 1919 Ueshiba abandona Hokkaido al recibir
un telegrama en el que se notifica la situación crítica de su padre enfermo.
Encarga el cuidado de su humilde casa de madera a Takeda y regresa a su ciudad
natal de Tanabe.
Durante este viaje, le aconsejan que visite un templo en Ayabe, cerca
de Kyoto, para rezar por la salud de su padre. Morihei se desvía y acude al
santuario, establecido en las ruinas del antiguo castillo Kameoka. Se trata de
la sede de una nueva religión llamada Omoto (el Gran Origen) y conocida
generalmente como Omoto-Kyo. Escucha a su dirigente, Onisaburo Deguchi, hablar
de la necesidad del desarme mundial para establecer un reino de paz sobre la
tierra. Impresionado en extremo por las palabras y el carisma de Deguchi,
Morihei eleva sus oraciones por el pronto restablecimiento de su padre y
continúa su viaje tras permanecer tres días en el templo.
Cuando llega a Tanabe, su padre ya ha fallecido. Morihei afronta esta
muerte y decide salir de su estancamiento mental, evolucionar e intentar
desentrañar el secreto del Budo. Su vida cambia de forma drástica. En ocasiones
escala una roca y reza piadosamente, o se arrodilla en la cima de una montaña
para recitar oraciones Shinto. Sus antiguos amigos del pueblo se preocupan por
este cambio y dudan de su salud mental. Agobiado por el dolor recuerda a
Onisaburo y se consuela.
En 1920 se traslada junto con su familia (su mujer, su madre y sus dos
hijos) a Ayabe. Una casa al pie de la montaña donde estaba situado el templo
principal será su hogar. Como era de esperar, pronto es el mejor discípulo de
Onisaburo, el cual era considerado una persona con capacidades de percepción
extrasensorial (clarividencia, telepatía, etc).
Morihei practica las técnicas de meditación Chinkon Kishin, creadas
por los antiguos místicos para calmar el espíritu y permitir al ser interior
retonar a su estado puro. También se sumerge en el estudio profundo del Kotodama.
Se denomina así a los numerosos sistemas esotéricos cuya premisa básica es la de
que los sonidos (incluídas palabras especiales pronunciadas o mentalizadas en
cierta forma) tienen el poder de afectar y modificar a la materia, como sucede
con los mantras de la tradición filosófica Hindú. Obviamente, Onisaburo Deguchi
tenía su Kotodama. El mismo que aprendió Morihei.
No descuida su vocación de servicio y por ello organiza una brigada
contra incendios.
Tampoco se olvida de las artes marciales. Por el contrario, en una de
las estancias de la casa donde reside coloca 18 tatamis y funda el dojo Ueshiba
Juku, donde introduce a las artes marciales con técnicas de espada, pértiga,
lanza y jujutsu. La mayor parte de sus alumnos son seguidores de Omoto-Kyo.
Se difunde la noticia de que en Ayabe hay un maestro de arte marciales
y acuden numerosos interesados, por ejemplo, los marinos de la cercana base
naval de Aizu.
De forma gradual, la concepción de Morihei respecto a las artes
marciales se torna más y más espiritual, según profundiza en sus meditaciones.
Comienza a predicar la no violencia y a mostrar que las artes marciales son un
vehículo para implantar la paz en el corazón de los seres humanos, en claro
distanciamiento de la concepción de Sokaku Takeda.
En el mes de agosto de 1920 nace su segundo hijo varón, Kuniharu. Por
desgracia, la alegría dura poco y es sesgada días después por la muerte de
Takemori, de tres años. En septiembre, aquejado por el mismo virus, Kuniharu,
con sólo un mes, también fallece. La congoja de los padres es inmensa.
Morihei logra mitigarla mediante la reflexión sobre las enseñanzas de
Omoto-Kyo y gracias a la práctica en el dojo. Por fortuna, al año siguiente,
1921, nace su hijo Kisshomaru. Aunque en 1922 muere la madre de Morihei, y se
cierra una breve etapa de dos años en la que la muerte transforma por completo
la vida del maduro Ueshiba., con el fallecimiento de sus dos padres y dos de sus
hijos.
El 28 de abril de 1922 Sokaku Takeda llega a Ayabe con su mujer, su
hermana y su hijo de seis años, Tokimune (el más tarde maestro principal de
Daito-ryu). La cuestión sobre si Takeda se invita a sí mismo o es invitado por
Ueshiba ha suscitado enconadas polémicas.
En cualquier caso, instruye a Morihei durante cinco meses. Antes de
partir el 15 de septiembre, otorga a su discípulo el título de Kyoji Dairi
(asistente de enseñanza), acompañado del certificado correspondiente. Con esta
titulación, Morihei queda obligado a pagar 3 yenes a Sokaku por cada estudiante
que inscriba en su dojo. Con el tiempo, cada uno acusó al otro por abusos en
este sentido.
Como se ha mencionado, la concepción marcial de Morihei difiere
bastante de la que su maestro intenta inculcarle. Además, Takeda y el dirigente
de la secta Omoto no congenian.
Morihei se separa de los enfoques marcadamente bélicos del Daito Ryu y
del Yagyu-Ryu. En 1923 desarrolla su propia técnica: Aiki Bujutsu (técnica
guerrera a través de la armonía espiritual). Popularmente, la gente se refería a
ella como Ueshiba Ryu Aiki Jujutsu. Resulta interesante el concepto de Aiki o
armonía espiritual.
Tras protagonizar ciertas aventuras en Mongolia –véase apartado más
adelante-, Morihei regresa a Ayabe con un Ki (fuerza espiritual) tan poderoso
que sus movimientos durante las prácticas parecen sobrenaturales. Onisaburo
Deguchi les dice a sus visitantes: "El espíritu de un gran guerrero mora en esta
comunidad".
En 1925 tiene lugar la primera revelación –véase apartado más
adelante-. Morihei tiene 42 años y cambia el nombre de su arte marcial: de Aiki
Bujutsu (técnica guerrera a través de la armonía espiritual) pasará a Aiki Budo
(Sendero de la armonía espiritual a través del arte marcial). No se trata de una
simple nomenclatura sino de un indicio de la espiritualidad del nuevo arte
marcial.
Al saber lo ocurrido, Onisaburo Deguchi le aconseja impartir sus
enseñanzas no sólo en Japón sino en todo el mundo. Así enseñará el verdadero
significado y propósito del Budo o arte marcial: poner fin a toda contienda y
establecer la concordia entre los seres humanos. Le invita abandonar Omoto-kyo y
dedicar todos sus esfuerzos a cumplir este propósito.
En 1926 y ante su popularidad, muchos miembros de la alta sociedad y
la nobleza solicitan los servicios de Ueshiba, entre ellos el almirante de la
marina imperial Isamu Takeshita. Se habían conocido en Tokio en 1925. Al verlo
practicar se quedó tan impresionado que no sólo se convirtió en su alumno sino
también en uno de sus principales patrocinadores y promotores. En su residencia
de Tokio invita al ex Primer Ministro, conde Gombei Yamamoto y al príncipe
Shimazu para que presencien una demostración. Tan buena acogida tiene el Aiki
Budo del maestro Ueshiba entre los aristócratas, que se organiza un curso de 21
días para adiestrar a los guardias personales del emperador en el palacio de
Ayomoa.
A principios de 1927, según la sugerencia de Onisaburo Deguchi, deja
la comunidad de Omoto-kyo en Ayabe y se traslada con su familia a Tokio. El
príncipe Shimazu convierte la sala de billar de su residencia en dojo y el
maestro da clases a notables aristócratas, por ejemplo las hijas del almirante
Takeshita, del conde Yamamoto y del propio principe Shimazu. A las mujeres las
instruye de la misma manera que a los hombres, para sorpresa de los maestros de
la época.
Como el número de sus alumnos aumenta, viaja con su familia a la
población de Tsunamachi, en Shiba, y luego a Kuruma-cho. En cada uno de estos
dos lugares instala un dojo para enseñar su Aiki Budo.
En 1930 el maestro adquiere una villa en Ushigome, Wakamatsu-cho, e
inicia la construcción de un nuevo dojo especialmente diseñado. Mientras se
termina instala otro en la localidad de Mejirodai.
En el mes de octubre recibe la visita en dicho lugar del reputado
Doctor Jigoro Kano, fundador del Judo y dirigente del Kodokan. Al tanto de lo
que había ocurrido con su alumno predilecto, Kenji Tomiki -véase apartado más
adelante- quiere comprobar la sabiduría de Morihei Ueshiba. Al verle en acción,
queda admirado y exclama: “Este es mi Budo ideal, verdadero Judo". Más tarde, en
privado, reconoce a sus estudiantes más cercanos: "La verdad es que yo tenía
pensado contratar a Ueshiba para que enseñara aquí, en mi Kodokan, pero como es
un maestro en su propia técnica, eso resulta imposible. Por eso mejor enviaré
algunos de mis estudiantes a su escuela para que aprendan allá".
En efecto, varios de sus pupilos más adelantados, entre ellos Minoru
Mochizuki, quien más tarde se haría famoso al crear un sistema que combina
elementos de Judo, Aikido, Karate y Kobudo al que nombró Budo Yoseikan. También
fue el primero en enseñar Aikido en Occidente cuando viajó a Francia en 1951
como instructor de Judo.
En 1931 se inaugura el nuevo dojo con el nombre de Kobukan. Dispone de
80 tatamis y espacio para albergar a más de treinta estudiantes internos (uchideshis).
Estos se entregan con tanta intensidad que los vecinos del lugar llaman a la
escuela "El dojo infernal".
Por ese tiempo llegan otros dos estudiantes que después ganarían
renombre: Rinjiro Shirata, (de excepcional fuerza física) en 1931, y Gozo Shioda,
en 1932. Este último creó en 1955 la organización Aikido Yoshinkan para impartir
fielmente las enseñanzas del maestro Ueshiba, tal como lo hacía antes de la 2ª
Guerra Mundial.
El 13 de agosto de1932, la Sociedad Omoto-kyo establece formalmente la
Budo Senyokai, o Sociedad para el Fomento y Promoción de las Artes Marciales,
con Morihei Ueshiba como presidente. Debido a la abundancia de solicitudes de
ingreso se implanta otro dojo, hermano del Kobukai, con 150 tatamis.
El 30 de abril de 1940, el gobierno japonés asume la importancia de
esta labor de Ueshiba y le concede al dojo Kobukan (por medio del Ministerio de
Salud y Bienestar) el carácter legal de Fundación Incorporada, bajo el nombre de
Kobukai. El primer presidente es el alumno y patrocinador de Morihei Ueshiba, el
Almirante Isamu Takeshita. Además, la Academia de Policía donde enseña adopta su
Aiki Budo como técnica oficial de práctica para sus miembros.
En este año, Japón aún no se halla involucrada en la 2° Guerra
Mundial, pero Ueshiba intuye que pronto lo hará y se afana en expandir las ideas
de concordia universal del Budo antes de que suceda.
Su fama crece de forma vertiginosa. En 1941, gracias al Almirante
Isamu Takeshita, es invitado a una demostración en el dojo Sainekan de la
residencia imperial ante los miembros de la familia real. También es invitado a
Manchuria para instruir durante la Semana Universitaria de Artes Marciales y es
nombrado consejero en Artes Marciales por las universidades de Shimbuden y
Kenkoku.
En este mismo año y debido a su alto valor educativo, el Aiki Budo de
Morihei Ueshiba se inscribe formalmente en la prestigiosa organización
gubernamental Dai Nihon Butokukai, fundada en 1895 con el propósito de promover
las artes marciales tradicionales japonesas junto con las virtudes emanadas de
ellas.
Nacimiento
del Aikido
En
estos momentos de reflexión, Ueshiba recibe la última de sus tres visiones
–véase apartado más adelante-. Concluye que debe llamar a su técnica de una
manera más acorde con sus convicciones filosóficas y espirituales. Primero había
sido Aikijujutsu, luego Aikibujutsu y finalmente, Aiki Budo. El nombre
definitivo será Aikido, compuesta por los términos:
Ai:
Armonía o unificación (obsérvese que esta grafía, en japonés, es homónima a otra
cuyo significado es amor.
KI:
Energía universal.
Do:
Camino o vía.
Así,
Aikido significa: "Camino de la armonía con el Espíritu Universal".
Por tanto, en 1942 se registra un nuevo arte marcial con este nombre
ante el Ministerio japonés de Educación y desde entonces así se le conoce de
manera oficial. Morihei tiene casi sesenta años. 
No obstante, en aquella última visión, el Espíritu de la Paz también
le indica que lo mejor para él es regresar a cultivar la tierra. El Kobukan está
casi vacío de estudiantes, pues han sido reclutados para la guerra.
En 1956 sale de Iwama para residir en Tokio y reabrir la escuela
ubicada en Wakamatsu-Cho, que se llamará ahora Aikido Hombu Dojo (Escuela
Central de Aikido) y que se encuentra hasta la fecha en el mismo sitio, con su
hijo Kishomaru como Director. En la reinauguración muestra una exhibición ante
importantes personalidades japonesas y extranjeras. De hecho, su máxima
prioridad es difundir el Aikido y sus mejores alumnos viajan al exterior para
tal fin.
En 1960 Morihei Ueshiba y Yosaburo Uno, décimo Dan de Kyudo (arte
marcial que utiliza el arco y la flecha) reciben, de manos del emperador Hiroito,
el premio Shijuhoso (Medalla de Honor con el listón Púrpura) como reconocimiento
a su labor en pro de la salud física, mental y espiritual de la nación. Hasta
entonces, sólo un maestro de artes marciales había recibido semejante honor.
En febrero de 1961 viaja a Hawai, invitado por el Centro de Aikido
(Hawai Aikikai) que allá ha surgido bajo los auspicios de uno de sus más
brillantes discípulos, el 9º Dan Koichi Tohei. Hace escala en Estados Unidos,
donde el mismo Tohei ya había promovido la técnica. Ese mismo año queda
establecida la Federación Japonesa de Estudiantes de Aikido.
En 1963 ofrece otra de sus inolvidables exhibiciones ante los
instructores de Aikido de todo Japón.
En 1964 el Gran Maestro cuenta con 81 años pero rejuvenece
asombrosamente dentro del tatami, como muestran documentos audiovisuales de la
época. Goza de reconocimiento mundial y el gobierno japonés le otorga la Orden
del Sol Naciente por haber fundado el movimiento del Aikido.
En 1968 finaliza la construcción de la Escuela Central de Aikido (Hombu
Dojo) en Wakamatsu-Cho, Tokio, en funcionamiento como tal desde 1956.
El 15 de enero de 1969, en una celebración que tuvo lugar en Kagami
Biraki, ofrece la última de sus espectaculares demostraciones. En primavera de
ese año cae enfermo de cáncer de hígado y confiesa a su hijo Kishomaru: "Puedo
escuchar a Dios llamándome". Regresa al hogar para estar cerca de su amado dojo,
pues reconoce las técnicas sólo con los sonidos que desprenden sus alumnos al
practicar.
El 15 de abril Ueshiba da sus últimas instrucciones a sus discípulos:
"El Aikido es para el mundo entero. Nunca lo practiquen con actitud egoísta.
Debe estar abierto a todos y en todas partes".
Quienes compartieron sus últimos días aseguran que su Ki se volvió de
tal magnitud que apenas podían mover su maltrecho cuerpo entre diez hombres.
En la mañana del 26 de abril de 1969 O Sensei Morihei Ueshiba, el Gran
Maestro del Aikido, toma la mano de su hijo Kishomaru, le pide: “Cuida bien de
todo" y fallece.
Dos meses más tarde, en Junio, su esposa y compañera de toda la vida,
Hatsu, muere a los 67 años.
El cuerpo deO-Sensei fue incinerado y sus cenizas llevadas al templo
familiar en Tanabe. Mechones de su cabello y barba se colocaron en el santuario
Aiki de Ayabe y también en el dojo Kumano Juku. Por eso el templo Aiki es un
lugar sagrado para los practicantes de Aikido. Cada año, el 29 de abril, se
celebra un servicio religioso en memoria de O Sensei.
Un
personaje Legendario
Probablemente,
nadie como Morihei Ueshiba ha generado tantas leyendas y relatos de carácter
sobrenatural dentro del mundo de las artes marciales. Desde la perspectiva de
Occidente, este tipo de relatos sorprenden por su extraordinaria
inverosimilitud, pero lo que el hombre conoce sobre la naturaleza se antoja
insuficiente para juzgarla.
A
continuación, destacamos algunos de estos hechos.
En
1924, Onisaburo Deguchi invitó a Morihei a acompañarle a Mongolia para
establecer una colonia modelo en donde la vida se rigiera de acuerdo al credo
pacifista de Omoto-Kyo, así como crear después una gran comunidad asiática
viviendo bajo las mismas directrices. Morihei aceptó y los cinco se internaron
en territorio mongol, a pie.
No
pasó mucho tiempo sin que un grupo de bandidos montados a caballo los
descubriera. Les tendieron una emboscada en un estrecho paso y cuando los
tuvieron a tiro empezaron a disparar sus carabinas sobre ellos. Morihei echó
mano de su máuser y respondió el fuego. Luego, al estilo de su maestro Takeda,
se abalanzó contra los malhechores y los atacó fieramente. Los rufianes,
aterrados, se dispersaron. 
Lo
que no sabían los cinco expedicionarios era que el emperador chino estaba al
tanto de su incursión En
cierta ocasión un individuo creyó reconocerlos y, empuñando una pistola, le
apuntó a Morihei Ueshiba al pecho. Este tuvo entonces una experiencia singular:
como si se encontrara en otra dimensión pudo ver, antes del disparo, "piedrecitas
de luz blanca" que salían moviéndose en cámara lenta de la boca de la pistola.
Desplazándose a un lado de su trayectoria evitó ser alcanzado por la bala, llegó
hasta el tirador y lo desarmó.
En
otra oportunidad la partida fue emboscada por tiradores apostados en ambos
flancos de un paso de montaña que cruzaba. La experiencia se repitió. Morihei
anticipó y esquivó varias descargas viendo de nuevo aquellos "guijarros de luz
blanca" que venían delante de las balas, señalando su recorrido para que pudiera
evitarlas.
Pero
ni siquiera esas prodigiosas capacidades pudieron librarlos por más tiempo.
Después de seis meses de penurias en los que aquellos cinco idealistas trataron
en vano de ganar adeptos, fueron capturados por los enviados de varios señores
de la guerra chinos que los buscaban, declarados enemigos de la nación y
sentenciados a muerte. Los despojaron de su dinero, ropas, comida y equipaje.
Les quitaron hasta sus zapatos. Mas a pesar del rudo trato, el bravo Ueshiba no
mostró miedo ni dolor. Eso enfureció a sus captores, que le hicieron meter la
cabeza y las muñecas en un cepo y le colocaron grilletes y cadenas de hierro en
los tobillos. Así lo hicieron marchar con sus compañeros hasta donde los
aguardaba el pelotón de fusilamiento. Los cinco conservaron la calma mientras se
abrían paso entre los cadáveres de otros infelices recién ejecutados.
Cuando
ya esperaban la descarga mortal, se presentó un mensajero con la noticia de que
el gobierno japonés había intervenido, por medio de sus diplomáticos, ante el
emperador chino y había logrado la libertad de los prisioneros. Salvados en el
último instante, regresaron a Japón, en donde sus compatriotas les dieron una
bienvenida de héroes.
En
1926 había un famoso judoka, Kenji Tomiki, de veintiséis años, discípulo del Dr.
Jigoro Kano, creador del Judo. Los estudiantes de Tomiki le contaron las cosas
asombrosas que habían oído del maestro Ueshiba y le sugirieron que, para probar
si eran verdad o se trataba de exageraciones, tuviera un encuentro con él.
Tomiki, despectivamente, respondió: "También yo he oído hablar de esas
demostraciones fraudulentas de Ueshiba; pero, miren, él tiene ya más de cuarenta
años. Si yo le diera una buena zarandeada, mis colegas instructores de Judo se
reirían de mí y dirían que fui un abusivo".
Rápidamente,
los alumnos le aseguraron que a nadie se lo comentarían. Entonces Tomiki se
presentó en el dojo de Morihei Ueshiba y le retó. Este consintió y ambos se
colocaron en el centro del tatami. Tomiki trató de sujetar a su adversario por
la solapa y la manga, como estaba acostumbrado a hacerlo en el Judo, pero antes
de que lo consiguiera se encontró volando y aterrizó a buena distancia. Luego,
el maestro lo clavó firmemente al suelo, sin que pudiera hacer ningún
movimiento. Dejó que se levantara y le dio otra oportunidad.
Tomiki
volvió a intentar una presa, mas nuevamente salió despedido por los aires y cayó
sobre su espalda. Incorporándose, hizo una profunda inclinación ante el maestro,
se disculpó por la actitud con que había llegado y dijo, con humildad: "¿Me
aceptaría usted como su alumno?". Ueshiba asintió.
Kenji
Tomiki llegó a ser un aventajado Aikidoka. El 11 de febrero de 1940 Morihei
Ueshiba le otorgó el 8º Dan. Asimismo continuó en el Judo Kodokan en el que
recibió, en 1964, otro 8º Dan. Con su experiencia en ambas técnicas, desarrolló
su propia versión de Aikido, conocida como Aikido Tomiki. Falleció en diciembre
de 1979.
Una
vez, el enorme y fortísimo campeón mundial de lucha libre cuyo sobrenombre era
Mangan, viajó desde los Estados Unidos para retarlo. Comparado con el diminuto
japonés, parecía Goliat junto a David. Al comenzar el encuentro, Mangan atacó
con su movimiento favorito: la patada voladora, pero el maestro la esquivó y
después lo arrojó lejos de sí con facilidad. Sorprendido, el luchador hizo
amistad con él y se convirtió en su alumno. Otros estudiantes suyos célebres por
su fuerza incluían a Tenryu, el campeón de Sumo, y al poderoso luchador mongol
conocido como el Rey Te.
En
las clases del maestro no faltaban observadores escépticos que menospreciaban su
técnica porque "no trabajaba" en situaciones reales. En cierta ocasión, por
ejemplo, el general Miura, héroe de la guerra ruso-japonesa (1904-1905) y
practicante de Jujutsu Daito Ryu, presenció una demostración de Ueshiba y aunque
le pareció "más o menos" bien, no quedó del todo convencido. Le preguntó
entonces si estaba dispuesto a probar su habilidad en una de las sesiones de
lucha con bayoneta (Jukendo) que él enseñaba en la Academia Militar Toyama y el
maestro aceptó.
Una
vez allá, los mejores, más fuertes y grandes alumnos se colocaron frente a él.
El general Miura le pidió que se pusiera un equipo protector, pero rehusó
diciendo que "así estaba bien" y que ya era suficiente protección que las
bayonetas de práctica fueran de madera. Solicitó que lo atacaran todos a un
tiempo, pero nadie tomó en serio su petición y sólo uno se adelantó y lo
embistió con su bayoneta. El maestro lo mandó volando por los aires. Cayó lejos,
sobre su espalda. Los demás se pusieron furiosos y atacaron simultáneamente,
intentando acertarle con las bayonetas, pero él, como si fuera la brisa que pasa
entre los árboles, se movía de tal manera que nadie podía tocarlo. Finalmente,
exhaustos y maravillados, los alumnos del general Miura fueron a sentarse otra
vez sobre el tatami, dejando a un lado sus armas.
Otra
vez, en Osaka, durante una demostración ante los miembros del Departamento de
Policía, notó que había escepticismo en su público. Pidió entonces a cinco de
los más fuertes y grandes oficiales, todos judokas de alto grado, que lo
inmovilizaran sobre el suelo. Se tendió boca arriba y permitió que cada uno de
sus brazos y piernas fuera sujetado contra el suelo por uno de aquellos. El
quinto oficial apretó su cuello con una estrangulación. De pronto, lanzó un
estridente Ki-ai (grito de combate) y los cinco enormes policías salieron
proyectados lejos de él. Se incorporó y, riendo de buena gana, les dijo: "Más
vale que aprendan mejores técnicas de arresto si quieren capturar criminales
peligrosos". Cuando los espectadores preguntaron qué había pasado, el oficial
que aplicó la estrangulación dijo haber sentido una tremenda fuerza invisible
que le separó las manos. Los otros cuatro afirmaron que el cuerpo del maestro,
cuando lo sujetaron, parecía hecho de seda, suave y dúctil, pero que un momento
después se volvió pesado y fuerte como el acero y fueron lanzados lejos de él.
Entre
los años de 1941 y 1942, cuando enseñaba su Aiki Budo a los cadetes de la
Escuela de la Policía Militar en Tokio, para variar, quisieron probar si las
técnicas que aprendían de él eran de veras efectivas, porque también tenían sus
dudas. Así que decidieron emboscarlo. Una noche sin luna en que el maestro
caminaba por los terrenos de la escuela con rumbo al dojo para dar su clase, se
detuvo de pronto, presintiendo que un peligro lo acechaba.
Súbitamente,
de los arbustos y depresiones del terreno, alrededor de treinta cadetes
surgieron y lo rodearon. Entonces intentaron golpearlo con sus espadas de madera
y rifles de entrenamiento. El, sin mostrar preocupación alguna en su rostro,
empezó a girar y a cambiar de posición, haciendo que sus atacantes cayeran y se
atropellaran unos a otros. Así continuó hasta que éstos, rendidos por la fatiga
y respirando pesadamente, se detuvieron, ofrecieron sus excusas y se retiraron.
El
poderoso Ki del maestro se manifestaba muchas veces en hechos cotidianos. Por
ejemplo: una mañana en que daba un paseo por el campo, acompañado por su hijo
Kishomaru, encontraron a ocho trabajadores intentando mover un enorme tronco que
yacía con sus raíces expuestas. Sudaban, empujaban y jalaban, pero sin
resultado. Después de estarlos observando durante algunos minutos, les pidió que
se apartaran. Entonces sujetó el tronco, fácilmente lo levantó y lo llevó al
lugar que señalaron los asombrados trabajadores.
Cierto
día en Wakayama, un enorme y fornido luchador de Sumo llamado Mihamahiro lo
visitó. Mientras conversaban le dijo: "He oído que usted, Sensei, tiene una gran
fuerza. Yo también. ¿Por qué no nos ponemos a prueba?". El maestro convino y,
sentándose en el suelo, dejó que el pesado luchador de Sumo le empujara con toda
su fuerza, pero no pudo moverlo ni un ápice. Entonces, redirigiendo toda aquella
energía, lanzó a Mihamahiro por los aires. Cuando cayó pesadamente, colocó sólo
su dedo índice sobre el pecho y lo inmovilizó por completo, como si hubiera
tenido encima una gran roca.
Le
dio una nueva oportunidad, esta vez el maestro se colocó en desequilibrio para
facilitar el intento del luchador. Tampoco esta vez pudo moverlo. Mihamahiro le
pidió enseguida que lo aceptara como discípulo y comenzó a estudiar Aiki Budo.
En
otra ocasión, sus alumnos le preguntaron si consideraba que las hazañas que se
atribuían a los Ninja, como volverse invisibles o caminar sobre las aguas, eran
posibles. Les contestó: "Han estado ustedes viendo muchas películas sobre eso,
pero en el cine no es sino una ilusión. Traigan sus bokkens (espadas de madera)
y sus Jos (varas cortas de entrenamiento) y les daré una demostración de
Ninjutsu verdadero".
Más
de diez le rodearon con sus armas, y al unísono se arrojaron sobre él... ¡y en
ese momento se desvaneció o, por lo menos, ya no lo vieron! Confundidos,
registraron cuidadosamente todos los rincones del dojo, pero no pudieron
encontrarlo. De pronto oyeron su voz que gritaba: "¡Aquí!" A diez metros de
distancia, el maestro estaba de pie, semioculto a mitad del segundo tramo de la
escalera que conducía al piso alto del dojo. Los discípulos, estupefactos, le
pidieron a coro que ejecutara "otra demostración de Ninjutsu", pero él les
respondió: "¿Intentan matarme sólo para entretenerse? Sepan que cada vez que
alguien ejecuta esta técnica, su lapso de vida se reduce en cinco o diez años".
Las
Visiones
Para
entender las pautas con que Ueshiba desarrolló el Aikido resulta imprescindible
comprender el sentido de la revelación, no como hecho insólito sino como punto
de claridad mental que orienta la vida de la persona. Hasta en tres ocasiones
Ueshiba sintió este tipo de deslumbramiento, y en las tres ocasiones marcaron
los acontecimientos posteriores.
En
la primavera de 1925, un teniente de la marina imperial, quien también era
maestro de Kendo (lucha con espada), supo de la fama y reputación de aquél y fue
a visitarlo a su escuela de Ayabe. El maestro lo trató con la cortesía debida a
un huésped y quiso explicarle cuáles eran los principios filosóficos de su arte
marcial, pero el teniente le dijo que no estaba de acuerdo con sus ideas
pacifistas. El primero reiteró sus argumentos y su interlocutor, montando en
cólera, le retó a un duelo con espada. Morihei trató de disuadirlo sin éxito.
Por último aceptó, pero dijo que no usaría espada ni arma alguna.
Eso
enfureció aún más al oficial porque pensó que se le deseaba humillar y,
empuñando un bokken (espada de madera para prácticas) se precipitó sobre el
maestro y descargó un terrible golpe que cayó en el vacío porque él ya no estaba
allí. Hendiendo el aire con la espada, que producía zumbidos al hacerlo, y
valiéndose de toda su fuerza, velocidad y técnica, el teniente se esforzaba en
golpear a Morihei, pero éste , con movimientos mínimos esquivaba todos los
ataques. Por fin, exhausto, jadeante y bañado en sudor, se dio por vencido y
tomó asiento sobre el tatami. El maestro, con voz seca, le dijo: "¡Ahora,
controle su genio o salga de este sitio!"
El
teniente, confuso y avergonzado, inclinó la cabeza, ofreció sus disculpas y se
marchó. Uno de los alumnos que presenciaron el incidente preguntó: "Maestro,
¿por qué no derribó a ese insolente? Todos vimos lo fácil que le hubiera sido".
La
respuesta fue: "¿Para qué? Nunca estuve en peligro. Todos sus movimientos fueron
tan obvios que pude anticiparlos fácilmente. Además, si lo hubiera yo abatido
sobre el tatami, mis actos no hubieran estado acordes con el espíritu del Aiki
bujutsu, el cual sólo debe utilizarse en casos de estricta necesidad".
Después
de que el teniente se retiró, el maestro salió al jardín del dojo y, sacando del
pozo agua con una cubeta de madera, se refrescó la cara. Luego se situó a la
sombra de un árbol de caqui para descansar. Entonces sucedió algo parecido a lo
ocurrido en Mongolia. La narración del hecho, con sus propias palabras, fue
ésta:
"De
pronto sentí que la tierra temblaba bajo mis pies. Un vapor dorado surgió de
ella y me envolvió. Del cielo descendió una cascada de luces cegadoras,
cubriéndome. Mi cuerpo empezó a volverse cada vez más grande, hasta que alcanzó
el tamaño del Universo entero. Me di cuenta de que comprendía el lenguaje de los
pájaros y de que era capaz de sentir lo que había en la mente de Dios, Creador
de todo el cosmos. Repentinamente entendí que la fuente del Budo es el amor. Por
él y a través de él debe uno vivir."
Esa
era la esencia de las artes marciales, que siempre había yo estado buscando. No
fueron creadas para destruir al mundo con armas o de cualquier otra manera, ni
para aniquilar a un enemigo usando la fuerza, sino para fomentar y mantener la
paz sobre la tierra, cultivarla amorosamente y proteger a todos los seres que la
naturaleza creó. Mientras comprendía todo esto, abundantes lágrimas de gozo
salían de mis ojos y corrían, como pequeños arroyos, por mis mejillas. Desde
entonces siento que toda la tierra es mi hogar y que el sol, la luna y las
estrellas son mis amigos cercanos. Me liberé de todo deseo de alcanzar posición,
fama y riquezas, así como de ser poderoso. Lo que importa es vivir el amor a
través del Budo (arte marcial) y derramarlo por doquier".
Después, en el mes de diciembre, tuvo otra experiencia espiritual
profunda. Así la relató: "Alrededor de la una de la madrugada estaba yo
ejecutando una purificación ritual. De pronto sentí olvidar todas las técnicas
marciales que había aprendido. Luego, las enseñanzas de mis maestros se
presentaron otra vez ante mí, pero con un significado completamente nuevo y
fresco: ahora eran vehículos para el cultivo de la vida, el conocimiento, la
virtud y el buen sentido, no maniobras para lanzar e inmovilizar al prójimo".
En 1942 la humanidad atravesaba por uno de los períodos más
turbulentos de su historia. El maestro Ueshiba tuvo otra visión: según lo narró,
el Gran Espíritu de la Paz se presentó ante él y le explicó que la paz
constituía el sendero que todos debían seguir para eliminar confrontaciones y
reconciliar a la humanidad entera. También le dijo: "El camino del guerrero ha
sido mal comprendido e interpretado como un medio para asesinar y destruir a
otros. Los que buscan la rivalidad, la discordia y la competencia contra otros
cometen un grave error. Aplastar, herir y destruir es el peor pecado que un ser
humano puede cometer.
La verdadera senda del guerrero lleva a evitar y prevenir la matanza y
la violencia. Es el arte de la paz, el poder del amor.”
Pensamientos
de gran maestro
"La
verdadera vía de las artes marciales no consiste solamente en neutralizar al
enemigo, sino más bien en dirigirle de tal manera que, voluntariamente abandone
su espíritu hostil. No mires este mundo con miedo ni aversión; enfréntate con
valor a lo que te ofrece Dios."
"El
budo verdadero es para el amor a la paz y la armonía; entrenaos diariamente para
manifestar este espíritu por todo el mundo. El aikido no se puede explicar con
palabras; uno debe practicar y alcanzar la iluminación de la mente. El
entrenamiento de Aikido no es un deporte ni ascetismo; es un acto de fe basado
en el deseo de llegar al despertar total. No tengáis prisa, ya que se tarda un
mínimo de diez años en alcanzar el primer nivel. Jamás penséis en vosotros como
"Desde
tiempos antiguos, el valor y el conocimiento han sido los dos pilares del
Sendero: a través de la virtud del entrenamiento, ilumina tu cuerpo y tu
espíritu"
"Cuando
se adelanta un oponente, enfréntalo y salúdalo; si intenta retroceder, déjalo
seguir su camino"
"Tu
espíritu es el verdadero escudo"
"El
verdadero guerrero siempre cuenta con tres armas: la radiante espada de la
pacificación; el espejo de la valentía, la amistad y la sabiduría; y la piedra
preciosa de la iluminación"
"El
verdadero Budo consiste en aceptar el espíritu del Universo, salvaguardar la paz
del mundo, proteger y favorecer el crecimiento de todos los seres".
Algunos de los estilos existentes
|
El Aikido fue desarrollado originalmente por O Sensei.
Alguno estudiante que estudiaron bajo la tutela del Maestro decidieron
extender su conocimiento del Aikido abrendo sus propios Dojos . |
|
Debido a la naturaleza dinamica del Aikido,los diferente alumnos de
O Sensei interpretaron su Aikido en diferentes formas. asi nacieron los
diferentes estilos de Aikido. |
|
Cada estilo tiene sus propias caracteristicas, pero todos ellos se
basan firmemente en los conceptos basicos que el Gran Mestro dio al
Aikido. |
|
No se debe considerar ninguno superior o inferior a cualquier otro,
sino que cada individuo debe encontrar un estilo que se adapte mejor a el
o a ella. |
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* Aikikai |
* Iwama |
* Ki (Shin Shin Toitsu Aikido) |
* Kokikai |
|
* Seidokan |
* Tomiki |
* Yoshinkan |
* A. Longueira Ryu |
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HALL OF FAME 2008
CURSO NACIONAL
AIKIDO KENKIDO SESTAO2007
CURSO AIKIDO AIKIKAI
2007 MAESTRO NOMURA
CURSO NACIONAL
AIKIDO KENKIDO SESTAO2006
PREMIOS GUERREROS
2006
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